LA SOLEDAD DEL ENTRENADOR: EL MENSAJE DE RUBÉN CORTIANA.
Rubén Cortiana compartió en sus redes sociales una nueva entrega de sus habituales charlas, donde abordó un tema profundo y vigente: la soledad del entrenador.
En ese contexto, y sin una comunicación oficial al respecto, en el primer partido tras la Copa Federación, el equipo de Nebel fue conducido por su ayudante de campo Claudio Puppe, mientras que Cortiana no estuvo en el banco, marcando un dato concreto en torno a la conducción del primer equipo.
En esa misma línea, y ya en el desarrollo de su reflexión, Cortiana plantea: “Cuando se gana, el éxito tiene muchos dueños; cuando se pierde, hay un responsable”.
A partir de allí, describe el recorrido del entrenador, atravesado por contrastes permanentes, donde en poco tiempo se puede pasar de la valoración al cuestionamiento.
En ese sentido, introduce una de sus definiciones más claras: el éxito no debería ser tan exultante, ni el fracaso tan dramático. Una mirada que busca equilibrar el análisis en un entorno donde el resultado suele marcarlo todo.
“Nunca te preparan para perder”, remarca más adelante, señalando una de las mayores dificultades del rol. Según su reflexión, es en la derrota, en la frustración y en el fracaso donde aparecen las preguntas más profundas, donde el entrenador se detiene a revisar, a entender y a corregir.
También expone la exigencia cotidiana de la profesión: el trabajo constante, el análisis permanente, las noches sin descanso, la búsqueda de respuestas para revertir lo ocurrido, aun cuando el partido ya forma parte del pasado.
En otro tramo de su mensaje, se detiene en el lugar de la crítica. Allí diferencia entre aquellas que pueden aportar y las que generan daño, y plantea una idea vinculada al respeto: la libertad no es decir lo que uno quiere, sino lo que corresponde decir, siempre considerando al otro.
A lo largo de la charla, también deja en claro que el entrenador asume su responsabilidad frente al resultado, sin trasladarla, entendiendo que el error forma parte de un camino en el que conviven aciertos y desaciertos.
Finalmente, su reflexión pone en el centro una realidad propia del oficio: la del entrenador frente al resultado y la carga que eso implica. Cortiana no lo plantea desde la queja, sino desde la aceptación. El entrenador asume ese lugar, convive con la exposición y entiende que el camino está marcado por aciertos y errores. En ese recorrido, donde el éxito se comparte y la derrota se personaliza, deja planteada la necesidad de una mirada más equilibrada y respetuosa, sin perder de vista que detrás del rol también hay una dimensión humana.

